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domingo, 28 de agosto de 2016

Las herramientas de un corrector: manuales básicos

      
      Un corrector, cuando se enfrenta a un texto, debe dudar de todo y sobre todo debe saber dónde encontrar soluciones. Son básicos el Diccionario de la lengua española, que suelo consultar en línea, aunque también lo tengo en papel, el Diccionario panhispánico de dudas y la Ortografía de la lengua española, así como gramáticas, diccionarios de sinónimos... Un corrector debe además rodearse de una bien nutrida biblioteca en la que figuren obras de consulta específicas a las que acudir para resolver sus problemas. Finalmente, existen también manuales y diccionarios imprescindibles, esenciales, de esos que compras, lees (sí, hay diccionarios que merecen ser leídos de cabo a rabo) y colocas en un plúteo «de honor» pero, al final, siempre los tienes encima de la mesa de trabajo. En mi caso son cuatro libros, los cuatro de José Martínez de Sousa, y son los siguientes:


Manual de estilo de la lengua española (MELE)

      Este es el manual imprescindible para todo corrector que se precie. Aunque es un manual de consulta, y como tal lo tengo siempre a mano en mi escritorio, en su día me leí la tercera edición, más de setecientas páginas... dos veces.

      El manual se divide en dos partes muy diferenciadas: la primera, «El trabajo intelectual», ofrece los elementos básicos para escritores, editores, traductores o correctores, resolviendo dudas y aportando informaciones en los campos del trabajo documental (citas, bibliografías...), la escritura (problemas de redacción, extranjerismos...), la ortotipografía y la bibliología; la segunda parte es un «Diccionario de materias» en el que se exponen alfabéticamente las materias dudosas y las normas que afectan a cada una de ellas. Encontramos, además, cuadros de unidades de medida, de topónimos extranjeros, de signos ortográficos, monetarios, musicales, matemáticos... También puede resultar interesante un apartado de la introducción que incluye una «Bibliografía específica para escritores y traductores», donde se recogen diccionarios, manuales de estilo, de tipografía, etc.


Ortografía y ortotipografía del español actual (OOTEA)

      Si bien el MELE contiene un apartado de ortotipografía, esta obra específica es fundamental para un corrector. Se divide en dos libros: el primero, «Ortografía usual», recoge los principios normativos básicos de la escritura, la atildación de las palabras, su división a final de línea, el empleo de los signos de puntuación, de las mayúsculas iniciales, etc.; el segundo, «Ortografía técnica», ofrece una incursión en la ortotipografía, alfabetización, notas, citas, citas bibliográficas, índices, cuadros, etc. Cuando voy a consultar este manual, ya se me abre solo por el cuadro de abreviaturas bibliográficas...



Diccionario de usos y dudas del español actual (DUDEA)
      
      Este libro recoge alfabéticamente los errores de escritura y expresión más frecuentes. Abreviamientos, alografías, barbarismos o solecismos ocupan algunas de las entradas de este peculiar diccionario. Son muy útiles las explicaciones de los extranjerismos, especialmente los anglicismos, que en la actualidad tienen un enorme peso en todos los ámbitos de la lengua. ¿En qué se distinguen los adjetivos cerúleo y céreo? ¿Es correcto el uso del anglicismo freelance? En este diccionario encontrarás las respuestas. También se pueden consultar dudas sobre el uso más actual de la lengua en la web de la Fundéu


Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas

      El uso de la mayúscula inicial frente a la minúscula obedece, en algunos casos, a razones subjetivas. Existe la tendencia a escribir con mayúscula aquello que nos parece importante, pero muchas veces esa mayúscula es errónea, y por otra parte hay palabras que, según el contexto, se escribirán con mayúscula o no. 

      Como el propio Sousa nos explica, la Academia ofrece unas normas insuficientes y, en algunos casos, contradictorias, pues lo que se prescribe en la ortografía no siempre se aplica en el Diccionario. A esta falta de coherencia hacen referencia otros ortógrafos como Moliner, Polo, Carnicer... Por este motivo, este diccionario de mayúsculas y minúsculas es un pequeño faro imprescindible para llevar a cabo la labor de corrector de la manera más digna posible, aunque ello suponga no seguir siempre fielmente los preceptos de la RAE



Hace unos meses colgué esta foto en mis redes sociales para demostrar que ese galguito, que estaba en adopción, no comía gatos... Chis lo observaba sentada en mis manuales de Sousa :) 

viernes, 12 de agosto de 2016

¿Qué es un corrector ortotipográfico y de estilo? Y... ¿por qué necesitas uno?

          
       Un corrector de textos (si no estamos refiriéndonos a un programa informático...) es un profesional que trabaja en la sombra: si desempeña bien su tarea, debería pasar desapercibido. Si lo hace mal, o si se prescinde de sus servicios, más de uno echará en falta su labor.
        Un corrector es un experto del lenguaje cuyo trabajo consiste en detectar y corregir los errores de un texto escrito, como proceso previo a su publicación. La corrección comprende dos dimensiones del texto:

— la ortotipografía:
·         faltas de ortografía;
·         espacios;
·         uso de mayúsculas y minúsculas;
·         estilo de letra apropiado: redonda, cursiva, negrita, versalita…;
·         puntuación y acentuación;
·         abreviaturas;
·         párrafos y apartados;
·         uso de signos ortográficos: barras, comillas, signos monetarios o matemáticos;
·         etc.

— el estilo:
·         corrección gramatical;
·         imprecisiones o errores léxicos;
·         muletillas, repeticiones, redundancias, ambigüedades;
·         errores sintácticos;
·         etc.
       
        «¡Ah, pero yo escribo muy bien, sin faltas de ortografía!», dirán (y dicen) algunos escritores, contrariados con la idea de que alguien modifique impunemente su obra.
        «Ese trabajo ya lo realizamos nosotros, gracias», dirán (y dicen) algunos editores —especialmente los noveles—, ya sea por un simple desconocimiento de nuestro trabajo o por ahorrarse algunos eurillos…
        No obstante, tanto el autor como el editor tienen la responsabilidad de ofrecer al lector, que a fin de cuentas es quien paga, un producto de calidad. Ambos están vinculados con el libro publicado, y si el producto no gusta, no ya por su contenido (en eso ni pincha ni corta un corrector) sino por su mediocre calidad formal, el resultado puede ser nefasto tanto para el autor como para la editorial, y cabe la posibilidad de que las ventas de otros libros de dicho autor o de dicha editorial se vean perjudicadas.

        Os voy a contar dos casos reales. En una novela que leí hace meses, por afición, no por trabajo, ya en la primera página me encontré con estas perlas:
— «ajena a las ondas que se engendraba»;
— «el pubis carente de bello».
        Estos dos fallos pueden ser detectados por un lector medio, pero también había muchos otros que podrían pasar inicialmente desapercibidos y cuya corrección redundaría en una obra mucho más limpia y perfecta en cuanto a la forma. (Y no, no se trata de una novela erótica, por muy bellos que se presenten los pubis…)
        En otra novela que leí no mucho tiempo después, de otra editorial, me topé con otra serie de fallos:
— textos entrecomillados que deberían aparecer en cursiva;
— «señor Fulano»/«Señor Mengano», uso incoherente (y erróneo) de la mayúscula inicial;
— «dió», con ese pedazo de tilde, hala;
— «aquél hombre», más de lo mismo. Y un largo etcétera…

        A ti, ¿de qué se te quitan las ganas? ¿De leer más libros de esos autores? ¿De leer más libros de esas editoriales? A mí, de las dos cosas.
        La labor de un corrector es imprescindible, pues, si bien somos seres humanos y siempre se nos puede pasar por alto alguna errata o un error de cualquier tipo —de esos que te saltan a los ojos cuando llega a tus manos el libro publicado, y ya no hay nada que hacer salvo tirarse de los pelos—, lo que no resulta admisible es encontrarse, como lector, con un error tras otro.
        Ahora ya sabes qué es un corrector y por qué necesitas uno. En próximos artículos explicaré con mayor detalle cómo abordar la corrección ortotipográfica y de estilo de un texto, y cómo desempeño yo personalmente esta tarea silenciosa y solitaria, pero también rigurosa, precisa, minuciosa y apasionante.

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