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martes, 13 de septiembre de 2016

domingo, 4 de septiembre de 2016

Los trabajos de Persiles y Sigismunda


      Mucho dio que hablar en su día la placa conmemorativa del monumento a Cervantes que el Ayuntamiento de Madrid inauguró el 11 de junio del 2015. ¿El motivo? Un error garrafal, todo el mundo lo comentaba, todos los periódicos se hicieron eco del desastre... Donde pone «Segismunda» debería poner «Sigismunda», pues la obra de Cervantes se titula Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Horror, horror... Si el Manco de Lepanto levantara la cabeza...


       Yo también me indigné, pero por otros motivos que os explicaré más adelante. Primero voy a compartir los resultados de una rigurosísima y sesuda investigación que... No, en realidad me llevó un minuto buscando en Google. Procedo: 

      El título original es Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional. Creo que no pasa nada por quitar la historia en la placa conmemorativa como tampoco casi nadie se refiere a El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Podría discutirse.

      Con ese título ofrecen la novela algunas grandes compañías de venta online. He aquí un ejemplo que me acabo de encontrar.

      De ahí pasamos a una actualización del término setentrional, que era la forma correspondiente al castellano de la época (de finales del siglo XV a finales del XVII) conocido como español medio o español de los siglos de oro. Como me surge la duda de si habrán adaptado el texto íntegro al castellano actual o solo el título, acudo a la web de la editorial y me llevo una alegría, pues indican que «nos hemos limitado a modernizar la ortografía, de acuerdo con los usos actuales del castellano, y a racionalizar la puntuación poniéndola al servicio de la claridad y la comprensión del texto». De modo que mantienen Sigismunda, por ser nombre propio, y actualizan setentrional; nada que objetar. 

      Y llegamos al caos... Varias «Segismundas», un «Pérsiles» o un «Trabajos», sin artículo, son algunas de las perlas que nos encontramos en una búsqueda sencilla en Google. Me quedo sin palabras, ¡cosa extraña en mí!



      Vamos ahora con el texto del epitafio. Ya está claro que hay un error muy visible, «Segismunda», al cual hicieron referencia todos los titulares del 12 de junio: «Botella se despide con una errata en la tumba de Cervantes»«La errata del Ayuntamiento de Madrid en la placa de Cervantes» o «La RAE exige al Ayuntamiento que corrija una errata de la tumba de Cervantes», entre otros. La errata, una errata. Yo encontré unas cuantas más, y ese es el motivo de este artículo. Vamos a enumerarlas:

1. El nombre propio «Segismunda». Ya está claro.

2. El uso de las comillas inglesas (“ ”) en lugar de las latinas, bajas, angulares o españolas (« »). La RAE en su edición de la Ortografía de la lengua española del 2010 dice que «es preferible y recomendable emplear las comillas angulares en primer lugar, reservando los otros tipos para otras funciones». Si es preferible y recomendable, ¿por qué no hacerlo?

3. El punto final de la cita. Cuando coinciden el punto y las comillas, nos enfrentamos a un problema ortotipográfico sobre el cual se ha debatido mucho. Hay dos opciones: comillas de cierre y punto (».) o punto y comillas de cierre (.»). La Academia se decanta por la primera opción, y pone el siguiente ejemplo:

Sus palabras fueron estas: «No quiero volver a verte».

Como dice Sousa en su Ortografía y ortotipografía del español actual, sobre este ejemplo concreto, «para un ortotipógrafo, el punto detrás de las comillas está bien, puesto que no cierra solo la oración No quiero volver a verte, sino todo el periodo que empieza en Sus palabras...». Tras exponer algunas incoherencias y contradicciones de la RAE sobre este asunto, que os invito a leer en el manual que he indicado, concretamente en el epígrafe dedicado a las comillas, Sousa concluye que «cuando el texto entrecomillado o colocado entre paréntesis es independiente o autónomo (empieza y termina dentro de las comillas, los paréntesis o los corchetes), el punto va dentro de los respectivos signos de cierre». Por lo tanto, en este caso debería figurar el punto antes de las comillas de cierre (.») y no después.

4. El título de la obra. El título aparece en redonda, cuando los títulos de libros se escriben en cursiva.

5. Doble espacio entre palabras. Vale, esto es ya para nota, pero para eso existen los correctores ortotipográficos ;) 
Entre «El» y «tiempo» hay dos espacios, se aprecia claramente que esas palabras están más separadas entre sí que las demás.

6. La fecha de publicación. Si bien Cervantes murió en 1616, esta obra es una publicación póstuma de 1617. No entiendo por qué aparece el año 1616, de hecho, la propia RAE en su nota de prensa sobre el acto indica ese año. No me lo explico y, como no puedo saberlo todo pero sí me lo cuestiono todo, voy a preguntarle directamente a la RAE sobre este asunto. Por el momento, escojo la opción de 1617 por ser la fecha oficial de la primera publicación de la obra. Si alguien tiene argumentos para dar por válida la fecha de 1616, le ruego que me lo explique en los comentarios; se lo agradeceré y sin ningún problema enmendaré mi error, pues siempre hay que aprender cosas nuevas.

¿Cómo quedarían los titulares de la noticia (encontrados al azar en Google, entre otros muchos) si hubieran pasado bajo la mirada atenta de un corrector ortotipográfico?

«Botella se despide con seis erratas
en la tumba de Cervantes»


«Las seis erratas del Ayuntamiento de Madrid
en la placa de Cervantes»

«La RAE exige al Ayuntamiento que corrija una errata
de la tumba de Cervantes
(pero las otras cinco no le parecen tan mal»


      Bromas aparte, debo añadir que también hubo quien criticó que el texto apareciera centrado, porque parecía que estuviera en verso. Yo me pregunto dónde dice que las poesías deban escribirse centrando el texto... De hecho, Sousa, en su capítulo sobre tipografía estructurada, apartado de poesía, de la Ortografía y ortotipografía ya mencionada, dice textualmente que «no es adecuado centrar cada uno de los versos».

      Y como recapitulación de tanto error, aquí está el texto antes y después de pasar por mi teclado implacable y despiadado:


      
      ¡Salud!

domingo, 28 de agosto de 2016

Las herramientas de un corrector: manuales básicos

      
      Un corrector, cuando se enfrenta a un texto, debe dudar de todo y sobre todo debe saber dónde encontrar soluciones. Son básicos el Diccionario de la lengua española, que suelo consultar en línea, aunque también lo tengo en papel, el Diccionario panhispánico de dudas y la Ortografía de la lengua española, así como gramáticas, diccionarios de sinónimos... Un corrector debe además rodearse de una bien nutrida biblioteca en la que figuren obras de consulta específicas a las que acudir para resolver sus problemas. Finalmente, existen también manuales y diccionarios imprescindibles, esenciales, de esos que compras, lees (sí, hay diccionarios que merecen ser leídos de cabo a rabo) y colocas en un plúteo «de honor» pero, al final, siempre los tienes encima de la mesa de trabajo. En mi caso son cuatro libros, los cuatro de José Martínez de Sousa, y son los siguientes:


Manual de estilo de la lengua española (MELE)

      Este es el manual imprescindible para todo corrector que se precie. Aunque es un manual de consulta, y como tal lo tengo siempre a mano en mi escritorio, en su día me leí la tercera edición, más de setecientas páginas... dos veces.

      El manual se divide en dos partes muy diferenciadas: la primera, «El trabajo intelectual», ofrece los elementos básicos para escritores, editores, traductores o correctores, resolviendo dudas y aportando informaciones en los campos del trabajo documental (citas, bibliografías...), la escritura (problemas de redacción, extranjerismos...), la ortotipografía y la bibliología; la segunda parte es un «Diccionario de materias» en el que se exponen alfabéticamente las materias dudosas y las normas que afectan a cada una de ellas. Encontramos, además, cuadros de unidades de medida, de topónimos extranjeros, de signos ortográficos, monetarios, musicales, matemáticos... También puede resultar interesante un apartado de la introducción que incluye una «Bibliografía específica para escritores y traductores», donde se recogen diccionarios, manuales de estilo, de tipografía, etc.


Ortografía y ortotipografía del español actual (OOTEA)

      Si bien el MELE contiene un apartado de ortotipografía, esta obra específica es fundamental para un corrector. Se divide en dos libros: el primero, «Ortografía usual», recoge los principios normativos básicos de la escritura, la atildación de las palabras, su división a final de línea, el empleo de los signos de puntuación, de las mayúsculas iniciales, etc.; el segundo, «Ortografía técnica», ofrece una incursión en la ortotipografía, alfabetización, notas, citas, citas bibliográficas, índices, cuadros, etc. Cuando voy a consultar este manual, ya se me abre solo por el cuadro de abreviaturas bibliográficas...



Diccionario de usos y dudas del español actual (DUDEA)
      
      Este libro recoge alfabéticamente los errores de escritura y expresión más frecuentes. Abreviamientos, alografías, barbarismos o solecismos ocupan algunas de las entradas de este peculiar diccionario. Son muy útiles las explicaciones de los extranjerismos, especialmente los anglicismos, que en la actualidad tienen un enorme peso en todos los ámbitos de la lengua. ¿En qué se distinguen los adjetivos cerúleo y céreo? ¿Es correcto el uso del anglicismo freelance? En este diccionario encontrarás las respuestas. También se pueden consultar dudas sobre el uso más actual de la lengua en la web de la Fundéu


Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas

      El uso de la mayúscula inicial frente a la minúscula obedece, en algunos casos, a razones subjetivas. Existe la tendencia a escribir con mayúscula aquello que nos parece importante, pero muchas veces esa mayúscula es errónea, y por otra parte hay palabras que, según el contexto, se escribirán con mayúscula o no. 

      Como el propio Sousa nos explica, la Academia ofrece unas normas insuficientes y, en algunos casos, contradictorias, pues lo que se prescribe en la ortografía no siempre se aplica en el Diccionario. A esta falta de coherencia hacen referencia otros ortógrafos como Moliner, Polo, Carnicer... Por este motivo, este diccionario de mayúsculas y minúsculas es un pequeño faro imprescindible para llevar a cabo la labor de corrector de la manera más digna posible, aunque ello suponga no seguir siempre fielmente los preceptos de la RAE



Hace unos meses colgué esta foto en mis redes sociales para demostrar que ese galguito, que estaba en adopción, no comía gatos... Chis lo observaba sentada en mis manuales de Sousa :) 

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